
Sabbat 08 de la V (a.C.)
Querida Diaria:
¿Como estas? Un poco nerviosa quizás, es decir, ¿Estas nerviosa? Te cuento que estoy medio estupidizado por la influencia televisiva, por culpa de la influenza de estas gripes que andan dando vueltas por ahí; ya me tienen cansado con que virus H1N1, H1N2, A+ ACM1PT, y el mal del erizo loco.
En esta oportunidad Fido se fue a buscar gatos. Yo le sugerí que valla al parque, pero me ladró que los de ahí son medio raros… y, como sigo con los yesos te darás cuenta de que aun no me puedo valer de mis manos para escribir; pero eso no es problema, le afané (¿Viste?, aprendí un nuevo verbo [afáname, afánate, ellos afanan, los otros también, etc.]) la varita a Harry Poster y me la ate al… pie para poder hechizar la birome.
Hoy fui a dar un paseo por el centro para hacer algunas cosas, para empezar me quería blanquear el yeso con el mismo tratamiento que se hizo Michael Katso (ese que camina para atrás y los pies se le mueven contramano). En el camino me acompañaba mi amigazo Mauricio, veníamos charlando sobre interesantísimos temas, filosofía, reflexiones personales, como mejorar el mundo y tantas cosas bellas, pero nos cansamos y nos pusimos a contar negros. Después se enojó porque decía que yo hacía trampa y contaba también a los blancos pura mugre obscurecidos, seguramente por el agujero en la capa de ozono. Hablando de agujeros te conté que… no es demasiado estúpido. Entre tanto yo fui a pagar algunas cosas y, como es sabido que tengo tan buen humor quise hacer una broma y, cuando entre al rapipago dije gritando, denme toda la plata o me saco el yeso. Más tarde, Mauricio me explico que cuando se hacen esas bromas hay que devolver la plata, lo que es la inocencia! Seguimos nuestro recorrido tramitescosmico*, cuando llegábamos a la Av. Independencia (allá por el 9 de Julio) se nos cruzo un conocido y cuando lo quise saludar, miró asustado, preparándose para correr y le digo “No, para no te voy a hacer nada, soy yo!” y me contesta “¿Quién soy yo?”, entonces me di cuenta de la situación y le aclaré “Fijate debajo de la barba”. Se fijó y me dice contento “Pero tenes razón no me había reconocido!” Nos abrazamos, me saco la tarjeta del colectivo y se fue corriendo. El buen Mauricio me dijo preocupado “¿Te acaban de robar, no vas a hacer nada?” “No, ¿y vos?” “Tampoco” “Bueno, sigamos nomas” “Y dalee” “A quién?” “Al quien se cruce primero”. Como lamento haber aceptado eso..
Luego de aquella desgracia, que no tenia nada de gracia, acontecida llegamos a nuestro lugar de destino. Ahí comprobé que doña Micaela tenía razón: “El destino está escrito” Realmente, el destino decía “Puto el que lee”. Cuanto me alegró que Puto pueda leer! Ingresamos al local y en la cola de espera observamos con admiración la gran habilidad y cordialidad del vendedor para efectuar su trabajo: “Mire, el dispositivo que usted esta por llevar es ‘trucho’ (o sea que no es trucha) y no es de buena calidad; así que vamos a hacer lo siguiente, le dejo el original al precio del trucho [más IVA y VENIA con interés y propina]” “Pero eso es mucho!” “Usted pague y no me agradezca”. Una vez que el cliente adquirió su producto, que por discreción no voy a decir que era un cargador para celular, actuó con prudencia e hizo la siguiente consulta “Y… esto…. ¿Tiene garantía?” “Si, tres cuadras”. Entonces fue mi turno de ser atendido y el vendedor me pregunto “¿Qué numerito tiene?” “Le aposte al 8, por?” “No salame, su número de fila” “Ah!, tercer banco frente al pizzaron” “Deje, deje nomas” “¿Qué deje qué?” “Nada, ¿Qué necesita?” “Un adaptador de sonido para mi celular, batería, carcasa y.. (de tin marin de do pingüino) eso!” “Eso no esta a la venta, aquí tiene lo demás, lo va a llevar?” “No, chau”.
Finalizada la compra me despedí de Mauricio, quien tenía que ir urgente a solucionar un conflicto ocasionado por los malos consejos de un amigo, y me encontré con Sol que venía de clases de ver a su profesora particular de sadomasoquismo en grupo. Fuimos a tomar un helado a Yusepin (acéptame el chivo querida Diaria). Recibimos alagos de parte del heladero por haber batido el record de helado por cliente y, al momento de sentarnos le pedí que me convidara un poco de alcohol para higienizarme, acto seguido me dio un vaso con alcohol etílico y hielo. Le consulte “Para que es esto?!” “¿Qué?.. Ah, perdón, ese es el mío” y me entrego una botellita de alcohol en gel. Entonces se inicio el dialogo preconyugal (entre el heladero y su vaso) y luego se lo tomo.
Y así, querida Diaria, concluyo mi día, nos vemos, que descanses y haceme el favor de no roncar.
Atentamente:
Bruno F. Fantozzi Tur
*Algunas estupideces son dirigidas a públicos particulares, que solo ellos pueden comprender.